Natalia Trenchi

preguntas01

Castigos y penitencias

¿Qué castigos no se deben aplicar en los niños? El castigo físico se descarta totalmente, y también se deberían desechar toda forma de violencia como ser los gritos, asustar al niño o amenazarlo, todas estas formas no se deberían de aplicar, no porque no sean mecanismos efectivos sino porque siempre traen consecuencias emocionales negativas, no […]

¿Qué castigos no se deben aplicar en los niños?

El castigo físico se descarta totalmente, y también se deberían desechar toda forma de violencia como ser los gritos, asustar al niño o amenazarlo, todas estas formas no se deberían de aplicar, no porque no sean mecanismos efectivos sino porque siempre traen consecuencias emocionales negativas, no existe nadie que pueda afirmar que el criar a un niño con violencia no genere secuelas negativas.

 

¿Por ejemplo?

Son muy variadas, pueden influir sobre la autoestima, sobre el aprendizaje que recibe ese niño sobre que las situaciones se resuelven a través de la violencia, el acostumbrarse a relacionarse con los demás desde el lugar de víctima o perpetrador y que no pueden salir de esos roles, el resentimiento social que genera, se estropean los vínculos y además, el niño se vuelve más agresivo.

 

¿Qué es la penitencia?

Las penitencias son un buen recurso cuando se utilizan de manera correcta. Uno de los graves problemas es que la mayoría de los adultos que tratan con niños, ya sea padres, abuelos, docentes entre otros, generalmente usan mal este recurso, por eso es que no funcionan.

En inglés, a la penitencia le dice “time off” o sea, tiempo afuera, porque la idea es sacar al niño de un lugar donde quiere estar y pasarlo a uno en el que no quiere estar, y se debe tener en cuenta que no quiere estar ahí no por el miedo ni nada de ese estilo, sino porque es aburrido, si eso no se cumple, la penitencia no es tal. Por ejemplo, si el niño está en la mesa y no tiene ganas de comer, o no le gusta la comida y le aburre la charla de la familia y se quiere ir, entonces comienza a molestar o a hacer cosas que no se deben en ese momento, por lo que los padres le dicen “Te vas a tu cuarto en penitencia”, y sucede que el niño seguramente prefiere estar en su cuarto, con todos sus juguetes para divertirse, eso no es una penitencia.

 

Muchos padres mandan a sus hijos “a pensar” ¿esa es una medida efectiva?

En lo personal no apoyo esa medida ya que parece que pensar fuera un castigo, y aparte con el tiempo se genera que el niño diga “ya pensé, ya pensé” y es una frase hecha, en realidad no pensaron nada.

Si al niño se le avisa que si no cumple determinada regla se va a la penitencia, y la misma está bien aplicada, funciona y es un buen método.

 

¿Cuánto deben durar las penitencias?

No sirven de nada las penitencias eternas, como puede ser un mes sin mirar televisión, o seis meses sin salir con los amigos, porque no se cumplen. Para que sean efectivas tienen que estar ligada la regla que se violó y la consecuencia porque sino del momento en que sucede, a los 15 días quedó en el olvido lo que se quería marcar con la penitencia, porque quizá el niño recuerda que no puede mirar televisión, pero ya no se acuerda el porqué entonces no sirve para corregir nada.

 

¿Qué opciones hay al castigo?

Las penitencias bien puestas son una buena opción. También hay otras que son muy efectivas, por ejemplo hay una cantidad de cosas que los niños hacen para llamar la atención y si la consiguen lo van a seguir haciendo. Por ejemplo, la mamá está hablando por teléfono y los hijos que demandan su atención por lo que empiezan a pelear y a hacer escándalo, entonces la madre corta y los va a separar y a hablar con ellos. Con ese gesto, los niños aprendieron que si se pelean la madre deja lo que está haciendo para ir con ellos, en ese caso un buen “castigo” hubiera sido que la madre siguiera hablando por teléfono o haciendo sus tareas como si nada. Este mecanismo se llama extinción porque se extingue ese comportamiento, no recibe la atención que quiere buscar por lo que deja de usar esa forma para buscarla.

Compartilo en Facebook
Unicef Natalia Trenchi