Natalia Trenchi

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¿Cómo encarar la etapa de los “Por qué”?

“Esta etapa, que a los padres puede resultarles un poco fastidiosa es en realidad una buena señal”

Alrededor de los 3 años el niño comienza a realizar preguntas a sus referentes adultos más cercanos. El hemisferio izquierdo de su cerebro empieza a madurar y con el desarrollo el niño empieza a buscar la lógica de las cosas. Esta etapa, que a los padres puede resultarles un poco fastidiosa es en realidad una buena señal. Es un indicador de que la maduración del cerebro está teniendo lugar, que nuevos circuitos neuronales se van formando y con ellos llegan nuevas capacidades y posibilidad de ver las cosas y analizarlas desde otro lugar. La etapa de los “por qué” es enriquecedora para el niño. Durante ella aprenderá a asociar elementos, entender causas y efectos y el sentido de las cosas.

¿Los padres deben responder a todos los “por qué”?

Creo que depende de la edad del niño y el momento en que realiza la pregunta. Existen dos tipos de respuestas a las que como padres solemos apelar. Una es la respuesta correcta, la educativa, la otra son las de “supervivencia”. Las dos son válidas, pero en esta etapa cuando el niño suele realmente cuestionarse cosas, si se observa que el niño quiere saber, está intrigado, entonces hay que intentar contestarles siempre. Pero también ayudarlos a pensar y de repente, devolverles la pregunta. Decirles, “¿y a ti qué se te ocurre?”, o “¿por qué crees que sucede tal o cual cosa?”. De esta manera ayudas al niño a que que se conteste a sí mismo, algo que tienen que aprender.

Existe otro tipo de preguntas que pueden ser definidas como “manipulatorias”. Son todas aquellas que el niño le hace a sus padres porque pretende no hacer algo, como por ejemplo: “¿por qué me tengo que ir a acostar?”, “¿por qué tengo que comer todas las verduras?”. Este tipo de preguntas en general reciben una respuesta de “supervivencia”: “Porque sí”, o “porque lo digo yo”. Si bien indudablemente a veces se puede caer en ese tipo de respuestas lo aconsejable es explicar al niño. No entrar en el juego de “sí, porque sí”. En todo caso, aconsejo que los padres brinden una respuesta que haga reflexionar al niño, pero que corte con el círculo, como por ejemplo: “Tú pensá el por qué”.

¿Hay respuestas a preguntas que pueden esperar a ser contestadas?

Sí, indudablemente, no siempre que un niño formule una pregunta indica que está en edad de conocer la respuesta. En casos así debemos aplicar la vieja regla de conectar primero y reconducir después. A modo de ejemplo, si te pregunta algo que no crees que esté en edad de saberlo, primero conectas: “Me parece muy valioso que me preguntes eso y entiendo que te preocupes…”, y luego reconducis: “… pero esa respuesta te la voy a dar cuando seas un poco más grande”. Es importante que el niño no piense que hizo algo malo en preguntar, que hay algo equivocado de su parte, tiene que entender que simplemente no tiene la madurez suficiente aún para entender la respuesta que se le puede dar.

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