Natalia Trenchi

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Enseñar la relación con el dinero

“No es mala idea que en determinado momento empiecen a utilizar el dinero ellos mismos”

Publicado en MujerMujer

 

 

 

Muchas veces sueño con una sociedad en la que no existe el dinero ni la codicia de tenerlo. Sería tanto más humano y armónico vivir con lo que uno necesita, confiando en que cuando uno no tenga alguien proveerá. Pero son sueños. La realidad es que vivimos en una sociedad donde lo material y el dinero importan mucho, no sólo por lo que dan realmente sino también por su poder simbólico.

Afortunadamente, esto no nos obliga a criar niños materialistas, consumistas ni codiciosos. Es posible que les enseñemos a darle el real valor a las cosas de la vida y diferenciar lo que es cartón pintado de lo que verdaderamente importa.

Preparar a los hijos para la vida de verdad en el mundo real es nuestra responsabilidad. Mal lo haríamos si no les enseñáramos sobre el dinero ya que, nos guste o no, éste va a formar inevitablemente parte importante de su vida.

Cada uno le enseñará lo que considere conveniente, según sus creencias y saberes. Se puede enseñar a valorarlo mucho, poquito o nada, a ganarlo, gastarlo, cuidarlo, es decir, a cómo aprovechar sus ventajas sin dejarse atrapar por sus desventajas.

En realidad, eso ya lo están aprendiendo de vernos vivir y actuar. Algunos han aprendido por ejemplo que el dinero o su falta es lo que determina el humor de sus padres. Cuando hay dinero están contentos y cuando no lo hay, no. ¿Querrán sus padres realmente enseñarles eso? ¿O simplemente es de las tantas cosas que trasmitimos sin querer? Es probable que lo que realmente quisieran enseñarles es que el dinero suficiente bien administrado cubre necesidades y da tranquilidad, pero que la verdadera felicidad viene por otras cosas que nada tienen que ver con él. Ni todos los ricos son felices ni todos los pobres infelices, ¿verdad?

Viéndonos vivir, también pueden ir aprendiendo a utilizar el dinero de manera desordenada o, por el contrario, reflexiva y mesuradamente, de forma generosa o mezquina, de manera exhibicionista o privada.

Este es el aprendizaje que podemos llamar silvestre o natural, que se da sólo, sin ruido y sin que nos demos cuenta. Eso no lo vuelve menos importante o poderoso, por el contrario, trasmite valores y acciones que quedan grabadas muy profundamente. Pero también les podemos enseñar deliberadamente , ya sea hablando, jugando o permitiéndoles hacer su experiencia personal en la vida real.

Las lecciones más efectivas son las que se dan en el contexto de la vida misma, por lo cual no es mala idea que en determinado momento empiecen a utilizar el dinero ellos mismos. Hay gestos útiles para irlos familiarizando con el sistema como, por ejemplo, dejarlos dar el dinero en el supermercado y esperar el cambio o pedirles que vayan solos, que deban enfrentarse a pedir, preguntar el precio y pagarlo.

A medida que crecen, llega la oportunidad de darles algún dinero para que gasten en la cantina de la escuela, lo cual no será antes de que sepan sumar y restar y reconozcan el valor del dinero que tienen. Esto les permite ir ejerciendo la responsabilidad, la capacidad de elegir y las destrezas sociales necesarias para conseguir lo que quieren con sus monedas.

Siguen creciendo y madurando y llega el momento en que deben aprender a ejercitar la planificación de sus gastos, ejercitar la autonomía, la toma de decisiones y el autocontrol. Para eso, sirven las asignaciones regulares de una pequeña cantidad de dinero que pueden disponer para algunos gastos. No es recomendable que la comida entre dentro de esos gastos que paga con su dinero, porque no querríamos que ahorrara comiendo menos. Preferentemente, ese dinero asignado puede ser para extras y diversión.

El sentido común debe guiar a los padres en la cantidad a darles, cuidando fundamentalmente que no sea excesiva y los impulse a tener gastos superfluos.

En un principio, es preferible que la asignación sea semanal, ya que un período más largo puede complicarles demasiado la organización. Cuando van creciendo pueden incluso acordar con ellos lo que se crea más conveniente para todos.

Este dinero será su responsabilidad pero con reglas y condiciones claras. Debe quedar explícitamente establecido qué gastos están comprendidos y cuáles no, y fundamentalmente, qué se espera que el niño haga para mantener su derecho. Este dinero será suyo y podrá elegir si gastarlo o no y en qué, pero se pueden establecer condiciones que eviten usarlo en determinados objetos o actividades.

Que tengan algo de dinero propio no significa que puedan apearse de valores o límites familiares. Si los padres no quieren que vaya a una matiné o que se compre un videojuego violento, no importa que el niño tenga el dinero para pagarlo.

También puede ponerse alguna condición para mantener el estipendio o para perderlo, que puede estar relacionado a algún comportamiento determinado o a la responsabilidad para utilizar este derecho.

Una parte bien importante de la experiencia de tener dinero propio es la de comprobar que si no se planifica y no se ejercita el autocontrol, la suma se acaba mucho antes de lo que esperábamos. Para que lo aprendan realmente, es bien importante dejarlos vivir la experiencia sin caer en la tentación de cubrir nosotros el faltante.

Aprender a usar el dinero es importante en nuestro mundo. Igualmente importante es demostrarles cuántas cosas nos pueden hacer muy felices, nos divierten y nos hacen sentir bien y no cuestan ni un peso: mirar un atardecer, pelotear en la playa, leer cuentos, cocinar juntos, hacerles historias de cuando éramos chicos.

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Unicef Natalia Trenchi