Natalia Trenchi

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¿Cómo hablar de la muerte con los hijos?

Lo ideal es que el concepto de la muerte se introdujera en el seno familiar mucho antes de que le suceda a un ser querido. Los occidentales solemos esquivar el hablar sobre este tema e incluso llegamos a ocultarla, por ejemplo cuando se muere una mascota a veces disfrazamos la verdad para no tener que […]

Lo ideal es que el concepto de la muerte se introdujera en el seno familiar mucho antes de que le suceda a un ser querido. Los occidentales solemos esquivar el hablar sobre este tema e incluso llegamos a ocultarla, por ejemplo cuando se muere una mascota a veces disfrazamos la verdad para no tener que explicar lo que realmente ocurrió. Pero, la muerte es lo único seguro que tenemos en la vida, a todos nos llega y, por lo tanto, cuánto más elaborado tengamos el concepto mejor estaremos para lidiar cuando nos enfrentemos a una situación de este tipo. Una forma de introducir el tema a los niños puede ser hablar de “etapas”, explicarles que la vida es una sucesión de etapas y que cada una tiene factores positivos y otros negativos. Explicarles utilizando conceptos que ellos entienden, como por ejemplo hablar del invierno, el otoño o la primavera. Estos son preconceptos que, bien elaborados, sirven para afrontar una conversación sobre el fallecimiento de un ser querido llegado el momento.

¿Qué sucede cuando la muerte es algo anticipado o inesperado? Es decir, cuando altera el orden natural de la vida.

Es verdad, la vida sorprende a veces con situaciones que desbaratan el cuento que muchos adultos le hacen a los niños a la hora de hablar de la muerte, al decirles que “la gente se muere muy, muy viejita”. La muerte de un ser querido puede ser anticipada, o bien un hecho brusco, para el que no estábamos preparados. En el primer caso, el mayor error es no dejar que los niños participen del proceso, una tentación que como adultos tenemos muchas veces, pensando en querer protegerlos, que no sufran, cuando en realidad lo que termina sucediendo es todo lo contrario. Es cierto, no hay que exponerlos a detalles innecesarios, pero sí, por ejemplo, en caso de una enfermedad explicarles que la persona querida está enferma, que los doctores hacen todo lo que pueden para ayudarlas, pero que no se sabe qué puede suceder, ir explicándole que puede haber un desenlace fatal. Hacer al niño partícipe del proceso familiar, para que contenga y también lo contengan emocionalmente. Permitirles hacer dibujos o regalos para la persona, hacerlos sentir que son útiles y capaces de llevar la alegría aun en momentos dificiles.

Las creencias religiosas, ¿ayudan a elaborar el proceso de la muerte? Decir por ejemplo que la persona “se fue al cielo”, o “está con Dios”, ¿es algo bueno?

Las creencias religiosas sirven, y sirven muchísimo. Se considera que son un factor de protección de la salud mental, ese poder ver más allá y darle trascendencia al fenómeno de la muerte. Pero el sentir religioso está en la persona o no lo está, no se puede inventar. Si las tiene, es bueno que pueda transmitirle esos valores y pensamientos a los hijos. Ahora, algo importante a tener en cuenta es prevenir el utilizar la palabra “cielo” en los caso de niños pequeñitos. ¿Por qué? Porque ellos, en su cabeza se imaginan el cielo de la Tierra, ese cielo que está por encima de sus cabezas, y no son pocos los casos a los que me he enfrentado de pequeños descompensados los días de tormenta porque se imaginan a su familiar sentado en una nube rodeado de lluvia, truenos y relámpagos. Por esta razón si se va a hablar del “cielo” hay que tener mucho cuidado, elegir las palabras adecuadas, explicarles que no es el cielo que ellos ven sino que es algo más allá, algo que está muy lejos.

Los adultos debemos transmitirle a los niños la verdad sobre la muerte, pero ¿cuál es esa verdad?, la tuya. No hay una única verdad. También creo que es importante con el tiempo enseñarles que hay muchas verdades. Lo importante a la hora de enfrentarse a la muerte de un familiar o allegado querido es fomentar que participen del proceso, porque nunca es bueno (para niños o adultos) vivir un duelo a destiempo.

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Unicef Natalia Trenchi