Natalia Trenchi

depresión

Depresión infantil

“La depresión se considera el resfriado de la salud mental”

¿Qué es la depresión?

Empecemos por decir que la depresión y la tristeza son cosas diferentes. La depresión es algo más complejo que estar triste porque algo no salió como se planeaba o deseaba. Se trata de un conjunto de síntomas. Además de la tristeza está el decaimiento, las pocas ganas de hacer cosas, la pérdida de placer en cosas que antes daban placer. Se pueden presentan problemas con el apetito, se come demasiado o se come muy poco. En ocasiones se observan problemas con el sueño, puede disminuir o aumentar. Es decir, la depresión es un trastorno que se expresa en una sintomatología variada.

La depresión se considera el resfriado de la salud mental, por su frecuencia en la vida de las personas. Es un trastorno que puede acompañar a lo largo de toda la vida.

Con respecto al niño, el aspecto determinante es el humor. Lo que sucede con los niños, a diferencia de los adultos, es que ese malestar se expresa como mal humor.  Mientras los adultos empiezan a sentirse tristes, llorones y expresan que están mal y “bajoneados”, los niños parecen rezongones, que nada los conforma. Quieren dejar las actividades, como el fútbol o el taller de pintura, porque les dejó de gustar lo que antes les gustaba. Incluso a veces se despiertan de mal humor. Son niños que además suelen bajar su rendimiento y dejan de jugar, incluso a sus juegos favoritos. Por otro lado, muchas veces los niños que abusan de las pantallas (televisión, tablet, juegos electrónicos, etc.) en realidad pueden estar presentando un cuadro de depresión.

¿Cuáles son los desencadenantes?

Los desencadenantes tanto en niños como en adultos son variados. Por una parte hay una vulnerabilidad biológica. Hay familias donde la depresión es más frecuente y hay otras donde no se deprimen pase lo que pase. Luego, sobre esa vulnerabilidad biológica empiezan a intervenir factores del entorno que desencadenan este trastorno. Muchas veces esos desencadenantes tienen que ver con pérdidas. En ocasiones se trata de pérdidas físicas (de un familiar), pero otras veces se trata de pérdida de status o de pérdida de estilo de vida, en caso de un divorcio, por ejemplo. Y también se dan situaciones donde no se encuentra un desencadenante claro. Se observan niños que se deprimen y no aparece con claridad por qué se da la situación.

¿Cómo detectar depresión en las primeras etapas?

En el caso de los bebes, generalmente la depresión es secundaria a una crianza muy defectuosa. A veces está señalando una depresión de la mamá. Una mamá que de repente alimenta, abriga, cambia pañales, pero con la mirada perdida y con el corazón contraído. Eso se le trasmite al bebe y el bebe empieza a manifestar un cuadro depresivo que se puede manifestar en gran apatía, que es bastante frecuente, esos bebes que no lloran, no reclaman, no tienen sonrisa; o pueden ser bebes irritables, molestos, que lloran mucho, que son difíciles de calmar.

Hay un cuadro extremo que sucede cuando se separa al bebe de su vínculo de apego primario, que puede ser la madre, y si no aparece ninguna figura sustituta, ese bebe se empieza a deprimir  y puede llegar a morir. Es muy delicado. Hay otros casos, no tan extremos, donde se observa a bebes que no avanzan en el peso, ni en el crecimiento, a pesar de que orgánicamente lo tiene todo; se le mejora el vínculo con la mamá, o con quien haga de mamá, y automáticamente cambia su situación y comienzan a crecer.

¿Cuándo consultar?

Siempre, frente a alguna duda, es conveniente consultar. Porque la depresión es tratable, es mejorable y si no se hace trae consecuencias muy penosas.

Es un trastorno que se puede curar. De todas maneras, alguien que ya tuvo un cuadro depresivo puede volver a presentarlo. Es como una persona que tiene un ataque de asma una vez, quizás no lo vuelve a repetir, pero ya tuvo, tiene cierto riesgo latente.

Sería bueno que estas experiencias pudieran servir para que el niño se conozca a sí mismo y que aprenda de a poco a manejar la situación. Llega un momento que el pequeño aprende a reconocer sus propios estados. El objetivo es darle estrategias para que pueda enfrentarlo de manera inteligente.

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Unicef Natalia Trenchi