Natalia Trenchi

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El aburrimiento en vacaciones

“Algo clave es promoverles una actitud curiosa frente a lo que los rodea.”

Publicado por MujerMujer

 

 

¿Cómo no temerle a un niño aburrido? Se ponen cargosos, se les ocurre hacer cosas que no deben, nos atormentan con una queja infinita. Pero lo peor, lo peor de todo, es que nos hacen sentir en falta. ¡Horror! “Soy una madre/un padre desastroso, si no, lograría mantenerlo siempre divertido”, parecen pensar algunos padres que saltan como un resorte cuando los atenaza esa idea.

¿Saben qué? Un poco de razón tienen. No porque crea que hay que montar un circo permanente en la vida de los niños sino porque depende en gran medida de cómo lo criemos, de que sufran o no de “aburriditis”.

Esta afección puede tener diferentes causas:

– Hay niños que son criados en el exceso: exceso de actividades, de objetos, de estímulos. Cuando esa intensidad baja, aparece una sensación como de vacío, un malestar que clama por ser solucionado

– Otros tienen la vida tan repleta de actividades regladas y dirigidas por adultos que enfrentar tiempo libre y sin libreto los descompensa y no saben qué hacer. ¿Cómo lo sabrían si nunca han tenido la posibilidad de ser dueños de su tiempo?

– Algunos niños confunden aburrimiento con soledad: son esos niños cuyos padres los proveen de todo menos de atención. Les pagan colegios caros pero jamás comparten una tarde de juegos, cuentos inventados o la fabricación de una cometa.

Si no queremos que sufran de “aburriditis”, tenemos que tener en cuenta algunos aspectos importantes de la crianza cotidiana.

Algo clave es promoverles una actitud curiosa frente a lo que los rodea. Si aprenden a ver nunca se aburrirán. ¡Denles el ejemplo! Deténganse frente a una planta que no conocen, préstenle atención a una conversación con un vecino que tiene algo para decir, desempolven un libro viejo y redescúbranlo. Vivimos rodeados de vida y magia natural a la que no siempre vemos porque andamos distraídos por cuestiones que ni nos llenan de verdad la vida ni nos hacen felices.

No le tengan miedo al ocio propio ni ajeno. No le pregunten si está aburrido, si lo ven aparentemente no haciendo nada. Pensar, imaginar, soñar despierto o sencillamente dejar fluir los pensamientos puede ser muy saludable.

Mantengan un equilibrio entre el tiempo de amigos y el tiempo de estar solo. Enseñarles a estar consigo mismos y saber auto-acompañarse es una gran riqueza para toda la vida. Ese es el tiempo en que pueden explorarse, descubrirse a sí mismos y despertar la creatividad. Saber estar solos los hará más libres.

Denles siempre la oportunidad de tener algún tiempo del que son dueños y señores. No permitan que se pasen los años de la infancia sentados en un pupitre, haciendo deberes o corriendo de actividad en actividad. Necesitan tener tiempo libre, sin agenda, para aprender a llenarlo con su propia necesidad y deseo.

Ofrézcanles experiencias enriquecedoras que les permitan tomarle el gusto a tareas artesanales y artísticas. Hacer y crear da placer. No es necesario que vayan a clase, es suficiente con estimularles el gusto por dibujar, modelar, tejer, hacerle ropa a las muñecas o cocinar galletas.

Aburrirse a veces es normal y no es un drama. Como todos los sentimientos, es una señal que hay que saber interpretar. Así como el miedo es una señal de que hay peligro, el aburrimiento es un llamado a la creatividad. Ese aburrimiento creativo debe ser resguardado y protegido porque puede señalar el camino hacia grandes cosas. No es posible ser creativo con estrés, ni apuro, ni mucho ruido. Quien viva metido en una gran actividad, quien tenga canilla libre de computadoras y pantallas nunca va a tener la posibilidad de descubrir lo bien que modela o el placer inigualable que le produce tocar la guitarra o cuidar las plantas. Orientarlos en esa búsqueda es lo que necesitan.

No caigan en la tentación de obliterar cualquier estado de aburrimiento bajando un juego nuevo, invitando a un amigo o yendo al shopping. Si por el contrario, logramos ayudarlos a encontrar una o varias pasiones en su vida, les estamos asegurando buena parte de su felicidad futura.

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Unicef Natalia Trenchi