Natalia Trenchi

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Elegir colegio

“Lo más importante es considerar qué tipo de personas se apuesta a formar.

Hay muchos padres que hacen un esfuerzo muy grande para mandar a sus hijos a colegios o liceos privados aunque pertenezcan a un hogar de un nivel socioeconómico distinto. Pero, ¿qué sucede cuando los niños se sienten a sentirse afectados porque no pueden estar a la par del estilo de vida de sus compañeros? 

Que los padres se preocupen por la educación de sus hijos siempre es algo bueno, sobre todo si son capaces de entender que el niño no va a un colegio o escuela a aprender geografía, historia y matemática únicamente, sino que va a incorporar una cultura y estilo de vida que le va a ser transmitido en ese lugar. Si se envía al niño a una institución de un contexto socioecómico por encima de la realidad del hogar el hecho no va a pasar desapercibido. Pero como todo, el cómo afecte el cáracter del pequeño va a depender de cuán capaz sea de procesar lo que le sucede, de acuerdo a los valores que sus padres le hayan transmitido en su casa. Si como padre lo preparás y le enseñás que en el colegio, al igual que en la vida, se va a encontrar con personas felices e infelices, buenas y malas, más allá de si es pobre o rico, que la plata es un accesorio y que las personas son más que el valor del dinero, entonces seguramente podrá adaptarse mejor a su situación. Si además, se le transmite que tener plata hoy no quiere decir tenerla el día de mañana, entonces parte del camino está ganado. Los padres tienen que hacer comprender al niño que se lo envió a una institución determinada porque consideran que allí es donde recibirá una educación adecuada y los valores que quieren que aprenda. Que el niño se adapte de mejor manera a su rol de “diferente” en la clase no quiere decir que le resulte fácil.

Seguramente, cuando la maestra, a la vuelta de las vacaciones, pregunte a los niños qué hicieron esos meses, si la mayoría cuenta que viajó al exterior, por ejemplo, y él solo pudo ir al cine se sienta desplazado. Pero hay diferentes realidades para todos y está en el niño y en los padres el aceptarlas.
A la hora de elegir un colegio, más que cuán exigente sea en lo académico, es más importante considerar qué tipo de personas se apuesta a formar. Siempre me imagino un colegio como un lugar en el que en determinado momento pasa un niño chiquito por la puerta, pasan años, y sale por otra puerta transformado, más grande, un niño que debería tener confianza en sí mismo, saber enfrentar obstáculos, haber descubierto el placer de saber y cómo buscar información. Todo eso es mucho más importante que hablar tres idiomas o haber acumulado diplomas. Lo importante es que salga fuerte, sabiendo relacionarse con el mundo y las personas.

 

 

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