Natalia Trenchi

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Las guardianas excedidas

“A veces lo que complica son algunas creencias tan culturalmente arraigadas que ni las criticamos”

Publicado por MujerMujer

 

Como bien se ha dicho, si uno está abierto a la búsqueda encuentra muchas cosas valiosas a su alrededor.

Hace 4 años, estaba en un Congreso de Salud mental de la primera infancia en Leipzig. En un rato en que no tenía ninguna actividad que me convocara demasiado, miré el programa y elegí algo simplemente porque no tenía ni idea de lo que era. Se refería al “gatekeeping” en la familia. Entré y me encontré con dos grupos de investigadores (finlandeses y franceses) que compartían sus experiencias explorando este comportamiento al que llamaban “gatekeeping”.

Como aprendí ese día, se referían al comportamiento de sutil (o no tan sutil) interferencia de las madres en el relacionamiento entre el bebé y su padre. Usan el término en inglés que puede traducirse como guardián del portón o parecido, simbolizando así a quien abre o cierra el camino de encuentro entre dos. Cualquiera puede ejercer este rol pero, en este caso, se estudiaba lo que hacíamos las madres. Todo me resultó interesante y provocador.

En mi discurso está mucho más presente el reclamo a los padres hombres a que participen, se comprometan y cumplan su rol en la crianza de los hijos, que la exhortación a las madres a que lo permitan. A partir de ese día, me sensibilicé más a percibir este fenómeno, mucho más frecuente que lo que uno pensaría. En algunas sociedades en que se ha estudiado, por lo menos un cuarto de las nuevas madres bloquean con su comportamiento el acercamiento entre papá y el bebé.

Por lo general, los mensajes no son claros sino más bien ambivalentes. Por ejemplo, pueden rogar para que se encarguen de bañar al bebé pero después intervenir todo el tiempo para corregir los supuestos errores que comete el padre que no suelen ser tanto errores sino otra manera de hacer las cosas. O pueden pedir que se encarguen de vestirlo, para luego criticar cada prenda y combinación.

Y si salen y el hijo queda al cuidado del padre, dejan unas instrucciones más completas y precisas que para manejar una nave espacial y muchas veces van controlando a distancia si todo va marchando bien (es decir, como ellas quieren que se hagan las cosas).

Co-parentar en serio es muy difícil por muchos motivos, desde históricos a culturales, sociológicos y prácticos. Pero este aspecto de la interferencia que cometemos las mujeres, podemos corregirlo ya, si es que lo pesquisamos y hacemos mea culpa.

La naturaleza nos ubicó a las mujeres en un rol mágicamente preponderante en la reproducción: es nuestro cuerpo que alberga al bebé, que lo cría y lo protege y que luego se ve expuesto a un acontecimiento tan dramático como el parto. Como si eso fuera poco, es de nuestros pechos que emana el alimento perfecto. ¿Cómo vivir esa unión tan primaria e instintiva y pasar luego a compartir en serio la crianza de esa cría? ¡No es fácil! Requiere mucho trabajo personal y un sólido vínculo con la pareja.

A veces lo que complica son algunas creencias tan culturalmente arraigadas que ni las criticamos. Por ejemplo, muchas mujeres aceptan que hombres y mujeres debemos tener los mismos derechos y deberes en casa pero…creemos que somos las mujeres las que de verdad sabemos criar a los niños. Toda la cultura nos empuja a reforzar esa idea que no hace sino arrinconar a los padres en el lugar del “semi-ínútil “ que en el mejor de los casos es obediente y sigue las instrucciones que les damos. Hasta que no modifiquemos esa idea los papás seguirán creyendo que son padres modernos y participativos porque estuvieron en el parto y cambiaron pañales. Necesitamos mucho más que eso para que sean padres en igualdad de condiciones.

Necesitamos compartir el compromiso, las decisiones, la disponibilidad y eso sólo es posible desde la aceptación de que madres y padres damos ambos cosas diferentes y por ello más enriquecedoras para los niños. El padre no tiene que convertirse en un sustituto de mamá sino en un PADRE. Y para lograrlo ellos tienen que disponerse y nosotras estar atentas a no convertirnos en guardianas excedidas.

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Unicef Natalia Trenchi