Natalia Trenchi

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Las niñas con busto siguen siendo niñas

“Tenemos que entender que las niñas tienen la edad que tienen, independientemente del aspecto de sus cuerpos.”

Publicado en MujerMujer

 

 

Cada vez más chicas, las niñas empiezan a tener cambios puberales: busto, vello púbico y axilar. Las causas parecen ser múltiples pero todas ligadas al entorno crecientemente tóxico en el que vivimos.

Uno de los principales incriminados es un compuesto presente en muchos plásticos y papeles (Bisphenol A o BPA) que tiene una estructura semejante al estrógeno y activa a destiempo procesos que deberían activarse por la hormona verdadera segregada naturalmente en el momento oportuno.

La investigación viene demostrando dos hechos importantes que quiero compartir:

a) El problema de la pubertad precoz va mucho más allá de lo que se ve en sus cuerpos: estas niñas tienen más chances de sufrir ansiedad, depresión y de adelantar su inicio sexual
b) La respuesta familiar y de su entorno en general a sus cambios físicos es el gran modulador de lo que suceda

Una vez más no podemos solucionar el problema pero sí aprender a manejarlo para evitar las peores consecuencias.

Lo primero que tenemos que entender los adultos es que las niñas tienen la edad que tienen, independientemente del aspecto de sus cuerpos. Pueden estar altas y usar soutien, pero si tienen 9 u 11 años, piensan y sienten como una niña de esa edad. No podemos empezar a tratarlas como mujeres ni pretender que se comporten como tales.

Pueden seguir jugando juegos de su edad, embarrarse y dejar todo desordenado. Pueden ser inquietas y ruidosas, y preferir jugar antes que ayudar en las tareas. Son niñas y eso es lo normal. Presionarlas como si fueran personas maduras porque parte de su cuerpo maduró a destiempo genera tensiones, conflictos y desencuentros que no las ayudan para nada.

Estar desarrollando sus pechos no puede privarlas de vivir la etapa que les corresponde por su madurez cognitiva y emocional. Son niñas en un cuerpo de más grande.

Otro riesgo paralelo es la sexualización precoz. Es un fenómeno cultural que jerarquiza lo referente a la sexualidad de manera tan prioritaria que llega a opacar otros aspectos de la persona, como su personalidad y sus valores. Sexualizar es poner un foco muy intenso en el atractivo físico, por ejemplo. En las niñas este fenómeno puede adquirir varias formas, de más leves a más extremas. Desde muñecas voluptuosas con ropa sexy a cumpleaños festejados en spa con manicura y maquillaje incluido, desde camisetas con inscripciones nada infantiles a festejarles coreografías con claro contenido genital.

Como muchos fenómenos sociales que se van instalando en la sociedad lentamente, terminan no generando mucha reacción. Cuando una costumbre se instala, se “normaliza”.

Cuando nos acostumbramos a la sexualización, también pasamos a verla como “lo más normal”. Y no lo es, porque eso tiene graves y perdurables consecuencias sobre su desarrollo emocional y cognitivo.

Cuando la sociedad les dice implícita o explícitamente a las niñas que su aspecto físico sexualizado sea preponderante, las está marcando a fuego. Este mensaje impacta fuertemente en ellas ya que están atravesando períodos particularmente sensibles del complejo proceso de consolidación de su personalidad, de su idea de sí misma, de su identidad.

El que tengamos sexualidad no puede opacar el mensaje de que somos mucho más que eso como seres humanos globales. Cuando le cambia el cuerpo a una niña sigue siendo igualmente más importante que sea creativa, buena amiga, solidaria, perseverante e inteligente.

Si empieza a escuchar comentarios de ella que sólo mencionan su aspecto, todo lo demás parece no tener relevancia. Las consecuencias, como siempre, son peores en las que son más vulnerables: cuanto más baja sea su autoestima, mayor vulnerabilidad tienen para hacer propios los mensajes culturales de que hay que verse de determinada manera o hacer determinadas cosas para lograr ser aceptado y popular. Gran peligro, puerta de entrada para muchas alteraciones emocionales y de comportamiento.

Aún viviendo en esta sociedad, la sexualización no es inevitable. Muchas familias logran resistir y ofrecer a sus hijas una educación no sexista, donde todos tienen la posibilidad de desarrollarse como seres completos y plenos, promoviéndoles una formación que vaya más allá de lo materialista y visible a los ojos.

Enseñarles a mirarse desde adentro es mucho más enriquecedor que consumirse pensando cómo nos ven los otros.

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Unicef Natalia Trenchi