Natalia Trenchi

familia-ok

Llamo a una revolución: ¡la familia al poder!

“El camino para llegar a una sociedad mejor es criar, educar y formar mejor a nuestros niños”

Publicado por MujerMujer

 

Estoy segura que ustedes detestan tanto como yo una cantidad de fenómenos de comportamiento que vemos o nos enteramos que existen. Seguro que no les gusta ver que en el ómnibus es muy poca la gente que ofrece el asiento a alguien que parece necesitarlo más, o que cuando los muchachos se juntan a divertirse se emborrachan y/o mezclan sustancia hasta límites muy peligrosos, que no se respeten las normas de convivencia y siga habiendo caca de perro en las veredas, basura tirada en los lugares equivocados, agresividad, irresponsabilidad, deshonestidad, desconsideración…en fin, la lista podría seguir creciendo. Y nosotros podríamos seguirnos quejando y despotricando y culpando a diestra y siniestra. Y todo seguiría igual, porque no es con quejas ni proclamas que las cosas cambian.

 

Estoy convencida de que los grandes cambios culturales favorables que todos queremos no nos van a caer del cielo ni en forma de leyes o decretos gubernamentales. No tengo ninguna duda de que el camino para llegar a una sociedad mejor es criar, educar y formar mejor a nuestros niños.

 

Por eso es que aprovechando este momento bisagra del año, donde uno siente que termina una etapa y empieza otra, los invito a no seguir haciendo lo mismo que se hacía si es que queremos conseguir resultados mejores. Los invito a “revolucionar” pacíficamente. Van algunos ejemplos:

 

– El tiempo pasa y sigo viendo con dolor a tantas niñas/os y jovencitas/os atormentadas/os porque no tienen la forma y el tamaño que sienten que deberían tener de acuerdo a los cánones de su subcultura.

 

¿En qué tipo de adulto se van a convertir? La presión que les viene de afuera es enorme. No le generen en la familia la vulnerabilidad que haga que esa presión los dañe. Si ustedes en casa logran educar a los chiquilines basando su autoestima en los valores esenciales y no en su aspecto, ganan la batalla. Para ello deberán ser siempre muy sensibles a valorar honestamente sus gestos solidarios, su generosidad, su capacidad de esforzarse para lograr lo que quieren, su sinceridad… y no seguir alabándolos por ser lindos, flacos o cualquier otra cualidad accesoria, involuntaria y no permanente.

 

Yo sé que esos errores uno los comete por amor y porque no nos damos cuenta del daño oculto que puede venir detrás de cada “sos la más linda del mundo” o “te miraba hoy entre tus amigas y eras la más flaca y alta” o “si seguís comiendo cualquier cosa vas a terminar gorda y sin amigos”. Ya sé que es sin darse cuenta que uno hace esas cosas, pero a partir de hoy podemos cambiarlo.

– Ni que hablar del dolor que me produce encontrar niños que no se saben defender de las agresiones. Si los agreden, sólo lloran o pegan. Como si las dos únicas respuestas posibles fueran la pasividad y la agresividad. Y no debería sorprendernos que eso suceda si son educados entre el enojo violento o el “dejar pasar”. De lo que vivan en casa, va a depender que aprendan o no cuáles son sus derechos, a defenderlos bien y no lesionar los derechos de los otros. De lo que vean que hacemos nosotros cuando alguien se nos cuela en la fila del super o  cuando ellos “se portan mal” o cuando nos enojamos con nuestra pareja.

 

Hay una manera digna de andar por la vida respetando y haciéndose respetar, expresando clara, firmemente nuestras necesidades, deseos y sentimientos. Pero claro, uno no nace sabiendo ser asertivo. Hay que aprenderlo y ¿qué mejor lugar que la familia para hacerlo?

 

– ¿Y qué me dicen de esta terrible cultura del “dejarse llevar”, del “todos lo hacen así que yo también”? ¡¡Por favor!! Enséñenles desde chiquitos que a uno lo guían principios y no que es dominado ni por impulsos ni por la presión social. Si ceden a concederles cosas con las que ustedes no están de acuerdo (objetos, actividades o lo que sea) sólo porque temen que sea el “único” o porque les da pereza mantenerse firmes, están corriendo un riesgo muy grande.

 

Es un muy buen aprendizaje (aunque en su momento duela) el que vean que sus padres son fieles a sí mismos y a lo que creen que es mejor para la familia, independientemente de lo que hagan los vecinos.

 

– La responsabilidad es otra de esas destrezas emocionales que sólo se aprenden si se ejercita. Es necesario que les permitamos, cuando ello sea razonable, tomar alguna decisión libremente considerando las consecuencias y aprendiendo de las mismas. Si durante toda su infancia decidimos todo por ellos o les “sacamos todas las castañas del fuego” cada vez que se equivocan, crecerán con la responsabilidad debilitada. ¡Y no queremos eso!

 

Todos nosotros como padres hemos hecho y hacemos lo que podemos. Por suerte, los niños no necesitan madres ni padres perfectos para crecer felices, fuertes y buenos. Lo que necesitan es tener padres (o adultos de referencia) que siempre tratan de hacer lo que les parece mejor, que aprenden de sus errores y ponen siempre en primer lugar ese vínculo poderoso que los une.

 

Les deseo a todos ustedes un muy feliz nuevo año, recordando que para que lo sea tenemos que ayudarlo con lo que hagamos nosotros cada día, cada minuto y que los niños los necesitan conscientes, reflexivos y calmos. Porque creo firmemente en el ser humano y en nuestra capacidad de relacionarnos unos con otros es que mi deseo para este nuevo año es: ¡La familia al poder!

Compartilo en Facebook
Unicef Natalia Trenchi