Natalia Trenchi

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Lo que importa de la escuela

“En una escuela emocionalmente fortalecedora siempre se valora a la persona por encima de todo”

Publicado por MujerMujer

 

 

 

Les cuento la historia de algunas personas (inventadas, pero veraces):

-Analía fue a uno de los colegios más caros de su país. Era un colegio completo en lo académico que se preocupaba por que sus alumnos salieran hablando bien varios idiomas. A ella nunca le fue muy bien; no era lo suficientemente “rápida” como para ajustarse al nivel de exigencia que se la sometía y durante muchos años su experiencia escolar consistió en ver cómo todos aprendían más rápido y mejor que ella. No tenía verdaderas dificultades, pero tampoco era de los valorados cómo mejores. Salió de allí convencida de que era un fracaso.

-Eduardo fue a una escuela común de su barrio. Al principio le costó aprender la lectoescritura. Sus padres se dieron cuenta y empezaron a ayudarlo en casa. Un poco después que sus compañeros, pero finalmente no sólo aprendió a leer y escribir sino que también aprendió que una dificultad es una señal para redoblar el esfuerzo, dejarse ayudar si es necesario y darle con todo. De grande lo sigue aplicando y le va muy bien.

-Nicolás fue a un buen colegio y era muy inteligente. Le resultó muy fácil que le fuera muy bien. No tuvo que esforzarse nada para tener buenas notas, ser bueno en deportes y que todas las nenas gustaran de él. Cuando estaba al final del liceo, se le empezó a complicar; ya no alcanzaba con lo que escuchaba en clase y una miradita a los apuntes de otros. No tenía ni idea de lo que era sentarse horas a estudiar… Le empezó a ir mal y no lo pudo soportar.

-Verónica fue al mismo colegio que sus primos. Le encantaba, pero le costaba horrible aprender. Maestros y padres se preocuparon, le hicieron estudios y resultó que tenía dislexia. Al principio los padres se desesperaron, pensaron que habría que cambiarla de colegio y que toda su vida se complicaría para mal. Pero en la institución, sensible, experiente y ética, comenzaron a adecuarle el sistema (valorarle lo oral sobre lo escrito, darle fotocopiados los textos largos, etc). Hoy es una profesional competente y feliz con mucha confianza en sí misma.

Podría seguir contándoles historias e historietas varias, con finales felices y tristísimos, pero lo que realmente quiero decirles es que mucho más que la excelencia académica de la institución educativa que elijan para sus hijos, lo que debe preocuparles es la experiencia que ellos tengan en ella como seres aprendientes.

Elegir escuela para los hijos suele consumir mucha energía en los padres, y hacen bien en pensar y averiguar y consultar, ya que, si bien la primera gran influencia en la formación de los niños es la familia, la escuela le sigue en importancia. Pero no busquen a la “excelente escuela académicamente perfecta”, sino aquella que valore honestamente a cada ser humano que se le entrega. Siendo como es de importante la experiencia escolar en la vida de los niños, lo menos crucial es lo académico y lo más importante es lo que haga por el desarrollo de fuertes y efectivas habilidades para la vida de los niños.

Si bien no existe la escuela ideal, por cierto que hay muchas escuelas que han resultado ideales para muchos niños. Algunas están en poderosos edificios mientras que otras en casas modestas, en algunas se habla en otros idiomas en tanto que en otras apenas se habla el propio. Poco importan las diferencias materiales, que de todos modos nos gustaría que no existieran. Lo verdaderamente importante es que en esas escuelas se les ha permitido a los niños desarrollarse en plenitud, ganar confianza en sí mismos y conocer la vida. En esas escuelas cada niño ha sido considerado un desafío único al que hay que ayudar a convertirse en una persona de bien. Esa escuela ha funcionado como una escuela emocionalmente fortalecedora y estas son algunas de sus características:

• Crea el entorno necesario para que todos los alumnos puedan aprender a nivel de su máximo potencial y desarrollarse plenamente en lo académico, personal y social, independientemente de sus dificultades, de su estilo de aprendizaje, de sus diferencias físicas, de sus diferencias de sexo y de cualquier otra diferencia.

• Allí se estimula prioritariamente la motivación para aprender y saber. Más que la incorporación mecánica de información lo que se valora es el proceso de aprendizaje, con autonomía, dedicación y persistencia, siempre cuidando de alimentar y promover el placer de saber.

• En ella se promueve que los niños desarrollen todas sus inteligencias, entendiendo como tales sus capacidades de modificar la realidad, no de repetir estereotipos.

• Es un lugar para construirse a uno mismo, en un clima de estímulo y de respeto. Allí los niños sienten que se valoran sus esfuerzos y sus avances aunque sean pequeños, y que equivocarse o no poder son solo señales de que uno está tratando y de que tendrá que seguir haciéndolo. Se respeta su derecho a la imperfección sin perder por ello aceptación ni respeto, porque sus docentes saben que el camino hacia la construcción de una persona plena pasa necesariamente por el ensayo y el error y por la capitalización inteligente de las equivocaciones.

• Es un lugar donde conectarse y relacionarse con otros y aprender que los humanos, por suerte, somos todos diferentes. Es en la escuela donde uno realmente puede incorporar no sólo el respeto, sino también la celebración de la heterogeneidad y la diversidad.

• En ella los alumnos desarrollan sentido de pertenencia. Se sienten bienvenidos y valorados, aceptados y respetados. Lo notan en el trato que reciben desde el saludo inicial en adelante. Lo notan cuando les va bien y cuando hay problemas, cuando necesitan ayuda y cuando son requeridos para colaborar.

• Es un lugar en el que se pone en práctica un estilo de disciplina saludable: coherente, confiable, firme, que pone más énfasis en la valoración de lo que se hace bien que en el castigo de lo que se hace mal.

• Hay una política clara en cuanto al establecimiento de un trato respetuoso entre todos sus integrantes que se apoya en una ética de paz y tolerancia.

En una escuela emocionalmente fortalecedora siempre se valora a la persona por encima de todo, más allá de sus resultados académicos. En ella cada niño tiene una experiencia escolar que lo hace ganar confianza en sí mismo, en sus recursos y en su futuro.

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Unicef Natalia Trenchi