Natalia Trenchi

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Mi hijo no quiere ir a la escuela

“Es una situación a encarar con cierta firmeza”

Antes que nada se necesita tener una gran dosis de sentido común por parte de los padres ya que cuando un niño no quiere ir a la escuela pude decir que le duele algo como ser la garganta, la cabeza o la panza,  para evitar ir o a veces los adultos se dan cuenta que lo que sucede es que ese día tiene cierta materia, como puede ser gimnasia y le complica el vestuario, o alguna que le resulta muy difícil y trata de evitarla; estos casos son más sencillos de resolver.

Otras veces el “no quiero ir a la escuela” implica una crisis muy importante con llanto, desesperación, una situación de pánico y ahí la cosa cambia. Acertadamente, muchas veces los padres piensan que algo debe haber pasado en la escuela y buscan la manera de averiguarlo, es correcto que sea lo primero a investigar.

 

¿Es frecuente que los niños no quieran ir a la escuela?

Sí, de hecho creo que todo niño normal en algún momento no quiere asistir a clases, el problema se da cuando eso se intensifica mucho o se hace muy reiterativo.

¿Qué es lo primero que se debe hacer para averiguar qué sucede con ese niño?

Lo primero es ponerse en contacto con la escuela, generar una alianza entre la familia y la institución educativa a la que concurre el hijo, para poder ver entre todos qué es lo que está pasando allí. A veces el niño tiene problemas sociales por ejemplo, sus compañeros lo dejan de lado, o se peleó con su mejor amigo y no lo sabe resolver solo.

Se debe tener en cuenta que para un niño el entorno familiar es dónde se siente más protegido mientras que la escuela es el mundo en el que se maneja sin la protección de los padres y familiares cercanos.

 

¿Frente a esa crisis de no querer asistir, hay que llevarlo a pesar del llanto y del enojo del niño?

Sí, es una situación a encarar con cierta firmeza, siempre que el hijo demuestra que está asustado, o que la está pasando mal, o que está enojado, los padres deben recordar que lo primero es conectar y después redireccionar.

Conectar en el sentido de primero se debe hablar con él, preguntarle que le está pasando, reconocer que se lo ve mal, que está asustado, buscar la forma de conversar sobre el tema con el pequeño, intercambiar emociones, demostrarle que se lo entiende, se valora y se respeta lo que está sintiendo. Después de conectar con él hay que redireccionarlo, o sea, hacer que entienda que a la escuela tiene que ir, que se va a buscar la forma de solucionar el problema, que los padres van a hablar con la maestra, o si es un tema de la comida o de alguna materia ver de cambiar alguna rutina o ayudarlo un poco más, procurar la manera de ponerle rampas al problema para que el chico pueda pasarlo.

A veces es cuestión de encontrar la conexión y el respeto a sus emociones, la firmeza darle seguridad sobre lo que debe hacer y que las dificultades se enfrentan para solucionarlas.

 

¿Qué sucede si de todas maneras se sigue negando a ir?

Si la resistencia del niño sigue en aumento, continúa teniendo crisis de llanto, esta angustiado o incluso no le importa pasar vergüenza en la escuela y se aferra a los padres en la puerta, se debe buscar otra ayuda profesional porque se puede estar ante un caso de fobia escolar que requiere de otros procedimientos.

De todas maneras, reitero, lo más importante es encontrar la conexión para que el niño se sienta cómodo para hablar sobre lo que está sucediendo y ayudarlo a enfrentar el problema, la mayoría de las veces esta negación a la escuela se arregla dialogando en familia.m

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