Natalia Trenchi

Young boy and girl playing with a football in a garden

No me gustan los amigos de mis hijos

“La obligación que los padres tenemos hacia nuestros hijos es enseñarles a pensar, a sentir y comportarse.”

¿Qué deben hacer los padres cuando un amigo de su hijo no les gusta?

Lo primero, y lo más importante, es pensar antes de actuar, siempre. Un niño no se hace amigo de otro niño sin una razón, no ocurre por casualidad, siempre hay un motivo detrás, y es por esto que lo primero que como padres debemos de pensar es: ¿Por qué mi hijo está eligiendo estas amistades?. Reflexionar sobre este punto es importante porque puede ayudarnos a ver razones que no estábamos viendo. Quizá el niño no tiene otros amigos de dónde elegir, quizá fue la única persona que se le acercó, lo que indicaría que existe un problema de integración. Siempre, como padres, pensar antes de actuar. Lo segundo que debemos de hacer es hablar con ese niño amigo de nuestro hijo. A veces los adultos prejuzgamos por detalles físicos como puede ser la ropa o el pelo, pero una vez que hablamos con el chico quizá veamos que en esencia es una persona de bien. Los padres podemos criticar por detalles accesorios cuando los niños suelen conectar con la esencia de las personas de un modo que nosotros los adultos no podemos. El pequeño sobrevuela los prejuicios que podemos tener los mayores. Por último, el gran secreto es no reprimir el lazo de amistad ciegamente, sin motivos. No prohibirles de manera dictatorial que vean al niño o hablar en la escuela para que los separen. No, esto no es inteligente de nuestra parte.

 

Si no se puede prohibirle las amistades, ¿qué otra actitud pueden adoptar los padres?

Creo que la obligación que los padres tenemos hacia nuestros hijos es enseñarles a pensar, a sentir y comportarse, es decir a vivir. Si, como padre, ves que el niño se está relacionando con alguien que no te gusta, y tienes motivos valederos para plantear el tema, hay que decírselos al niño. Hay que ponerse a pensar junto con el niño. Por ejemplo decirle: “¿Sabés lo que estuve pensando hoy? Vi a fulano cuando le hablaba tan mal a su amigo… ¿a vos no te molesta que hable así de mal de tus amigos?”. Con reflexiones de este tipo ayudamos a nuestro hijo a reflexionar sobre las actitudes de su amigo, a poner luz en algún aspecto de la relación que quizá el niño esté tolerando porque no cree que sea algo que esté tan mal. No cortamos el lazo de amistad de manera agresiva, lo ayudamos a que reflexione. No tenemos que hablar mal de su amigo, tenemos que ayudarlo a pensar sobre las cosas que hace, que son cosas bien distintas entre sí.

 

¿Exponer argumentos concretos?

Sí, exacto. Una forma de hacerlo es invitando al amigo “indeseado” a tu casa. En primer lugar porque es una buena acción y quizá conversando con él, observándolo actuar en tu entorno, te darás cuenta de que tiene cosas buenas y eso es algo que siempre vale la pena, y además, resuelve tu problema. Pero si este no es el caso, observarlo en tu casa y conversar con él te proporcionará ejemplos concretos, argumentos válidos que luego podrás exponer a tu hijo. Lo importante es dar cuenta de los hechos sin criticar al amigo de forma directa, porque si uno critica a esa persona (además de estar siendo injusto) se termina generando un contrargumento de defensa. En cambio, si lo que se hace es describir un (mal) comportamiento en una charla compartida, entonces  ocurre la reflexión, que es hacia donde como padres debemos apuntar.

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Unicef Natalia Trenchi