Natalia Trenchi

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¿Qué le van a pedir a la escuela este nuevo año?

“Pídanle a la escuela que no sólo les de conocimientos a sus hijos, pídanle que les enseñe a aprender.”

Publicado por MujerMujer

 

Ya hay madres y padres comprando cuadernos y probando túnicas y uniformes, signo inequívoco que hay que decirles chau a las vacaciones. Algunos de los chiquilines están impacientes por re-encontrarse con los amigos y retomar ese mundo en el que siempre pasan cosas. Otros ya tienen un nudo en la garganta y harían lo imposible para que nunca llegara el 1er día de clase. Entre los padres también encontramos situaciones diferentes, si  bien desearíamos que todos estén preparándose para acompañar a sus hijos de la mejor manera. Porque la verdad es que el recorrido escolar de los niños es algo muy importante en la vida. Pasan muchas horas de muchos días de sus años más maleables en la escuela. Buena parte de lo que piensen de sí mismos y de la vida dependerá de lo que pase allí. Por eso es que hay que estar atentos y asegurarse que estén recibiendo lo que necesitan recibir para construirse como personas felices, fuertes y buenas.

 

Muchos pensarán que eso se consigue solamente si uno está en condiciones de pagar un colegio de excelencia académica. Se equivocan. Lo que le tenemos que pedir a la escuela puede suceder en cualquier centro educativo, independientemente de su status social o confort locativo. Porque la magia no depende ni del lujo del edificio ni de la prosapia de sus ex-alumnos. Una escuela es una buena escuela cuando tiene maestros comprometidos, que saben lo importante que es su tarea y la llevan a cabo con responsabilidad, habilidad, entusiasmo y empatía.

 

Cualquier escuela es una mejor escuela si además puede trabajar en alianza con las familias. Lograrlo no siempre es fácil en este mundo que nos ha empujado al individualismo, al materialismo y a creer que cada uno debe preocuparse solamente de su barquito, sin ser conscientes que hay un sólo barco grande en el que vamos todos. Muchos padres creen erróneamente que los maestros deben ocuparse solos de la formación en valores, de forjarles un pensamiento ético, de enseñarles a ser buenos ciudadanos. Muchos maestros también se equivocan cuando piensan que su obligación es exclusivamente cumplir con el programa académico. Su impacto en la educación de los chiquilines va mucho más allá de las tablas y los acentos bien puestos.

 

A la escuela tenemos que pedirle mucho, pero no imposibles. Tenemos que pedirle que asuma su responsabilidad en la introducción de los niños en esa aventura de aprendizaje y vida comunitaria, y que los prepare para seguir aprendiendo toda la vida.

 

Y le pedimos que lo haga con todos los niños, no sólo con los fáciles. Y que considere que los niños son mucho más que alumnos: son personas globales con universos complejos. En la escuela tiene que haber lugar y atención para aquellos que no aprenden con facilidad, para los que están desmotivados porque no les han enseñado a valorar el aprendizaje, para los tímidos que no se animan a levantar la mano, para los que no saben tener amigos, para los que son activamente rechazados y agredidos por el grupo, para los que agreden, para los estresados y sobrecargados. A todos hay que acoger y con todos tenemos que trabajar para acercarlos a su mejor versión.

 

Pídanle a la escuela que no sólo les de conocimientos a sus hijos, pídanle que les enseñe a aprender. En este mundo sobrecargado de información sería imposible e inútil querer “saberlo todo”. Lo que hay que saber es buscar la información, elegirla e incorporarla con inteligencia. No está verdaderamente educado quien no sabe seguir aprendiendo o quien no logra adaptarse a los cambios de un mundo en permanente cambio.

 

Pero de nada sirve el conocimiento si la escuela no se encarga de impulsarlos a aplicar lo aprendido, a bajarlo a la realidad y a la vida cotidiana. ¿De qué sirve que sepan buscar porcentajes en el cuaderno si después no saben calcular cuánto tiene que poner cada uno para el paseo? Sólo haciendo, es que el conocimiento se hace vida. Pero para largarse a usar el conocimiento, hay que habilitarlos a confiar en sí mismos y animarse. Y para eso, tenemos que pedirle a la escuela que más que estimular la repetición de conocimientos, estimule la creatividad, el coraje de pensar por sí mismos y de explorar rumbos nuevos. Son los maestros que tienen un rol fundamental a la hora de incentivar su iniciativa y respetarles su derecho a equivocarse, enseñándoles que es mucho mejor equivocarse porque uno está pensando con cabeza propia, que hacer lo “correcto” porque está repitiendo mecánicamente lo que piensa otro.

 

Tan importante como lo anterior es que la escuela les enseñe a los niños a vivir en sociedad, aprovechando la oportunidad de la experiencia para guiarlos por el aprendizaje de ser uno en un grupo, de conocer y respetar los derechos propios y ajenos, de descubrir el efecto milagrosamente multiplicador de la cooperación, del equipo y descubrir que todos tenemos cosas tanto para aportar como para recibir.

 

Es en la escuela donde uno va practicando el tipo de persona en la que se va transformando. No es la formación exclusivamente académica la que prepara para la vida, sino la fragua de capacidades y habilidades personales que practican y fortalecen o no cada día en la escuela. Por eso es que son tan importantes los maestros, porque son ni más ni menos quienes pueden guiar a los niños a transformarse en  ciudadanos del mundo dispuestos a trabajar para cambiarlo para mejor.

 

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Unicef Natalia Trenchi