Natalia Trenchi

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Que nunca falte el sentido común

“Las madres y padres de hoy están atiborrados de información”

Publicado en “MujerMujer”

 

 

¡Pobres madres y padres nuevos! Movidos por su honesto, amoroso y muchas veces desesperado deseo de “hacer las cosas bien”, empiezan a leer todo el material que llega a sus manos sobre crianza. Los hay de todo tipo y en todos los idiomas. Hay miles de libros, publicaciones en revistas, periódicos y blogs sobre el tema; algo siempre van a encontrar. En cierto modo eso es una suerte porque quiere decir que las madres y padres de hoy son un grupo de personas muy interesadas en recibir información al respecto. La demanda parece ser grande. ¡Y eso es buenísimo!

Siempre me opongo al concepto popular de: “Hoy los padres no se ocupan por sus hijos”. Creo que pasa todo lo contrario, y este enorme crecimiento de oferta de material sobre crianza lo está probando. A mis abuelos no se les hubiera ocurrido jamás buscar lecciones o consejos sobre cómo criar a sus hijos. Tenían el saber incorporado por la observación y la práctica con hermanos más chicos, sobrinos o vecinos. En la generación de mis padres ya algún material había, por supuesto que exclusivo para madres. Los padres andaban por el mundo de overall o traje y corbata haciendo cosas más importantes. Cuando yo tuve a mis hijos me devoraba unas revistas argentinas que no se conseguían con mucha facilidad, cuya lectura me fascinaba y me demostraba que no era la única persona en el mundo que dudaba sobre lo que era mejor para mis hijos.

Las madres y padres de hoy están atiborrados de información. Lo del principio: “¡Pobres!” es por el hecho de la dificultad que tienen hoy en día para estar a la altura de todos esos consejos sabios. ¿Cómo decidir si un gurú me dice que le de teta hasta que vaya a la escuela y otro hasta que le salgan los dientes? ¿Saben cómo? Teniendo sentido común y cabeza propia, con un respeto primerísimo a la realidad de cada familia.

Como profesional he aprendido muchísimo de las madres y de los padres. Les cuentos sólo dos anécdotas.

Hace unos cuantos años estaba en Buenos Aires disertando en una Congreso con otros dos colegas sobre “Trastornos del sueño en el autismo”. Dijimos cosas muy interesantes y complicadas y muy bien fundamentadas. Pero cuando ya habíamos terminado, una tímida mano se alzó entre el público. Era una madre de un autista del sur de Argentina. Dijo, con voz tembleque y el acento característico: “Les quiero contar lo que pasó con mi hijo. Probamos muchos remedios para que durmiera y no lo lográbamos o le hacían mal. Lo que finalmenlo lo logró fue una manta con muchas bolsitas de arena unidas, porque lo que él necesitaba era algo que hiciera cierta presión sobre él”. Para mí fue a la vez una cachetada y una brisa de aire fresco.

Otra vez estaba dando una charla en el interior del país. Yo estaba hablando de límites cuando, en un momento del intercambio, varios se quejaron de lo difícil que era lograr que se fueran a bañar. Una mamá de 5 niños dijo muy sincera y simplemente: “Yo lo solucioné fácil. Ahora se pelean por ser el primero en bañarse. Les doy una sola toalla”. Sabiduría desesperada, sin dudas, pero había pensado por sí misma. Hay cosas que no encontraremos en ningún libro y que sólo nacen de la creatividad cotidiana de madres y padres comunes obligados a sortear los mil desafíos cotidianos.

Un lío es embanderarse rígidamente con posturas fundamentalistas. Voy a hacer una simplificación algo exagerada de la situación actual de las publicaciones no académicas.

Hay corrientes que se centran exclusivamente en el niño. Esas dicen: “Si quiere dormir en la cama grande, que duerma en la cama grande. Si quiere comer a cualquier hora, dale. Si tiene una rabieta, hacele upa y mimalo”.

Hay otras que ponen el foco en los padres. Si los padres quieren dormir la siesta, hay que hacer que el niño duerma de todos modos. Si los padres quieren que se vista de marinerito y recite en francés a las visitas, sólo tienen que encontrar la manera que lo haga y bien.

Es como que vieran la realidad familiar como con dos bandos: los padres y los hijos. Es como que la crianza se basara en ver quién se impone a quién. No señores. La vida familiar, la crianza de los hijos, es otra cosa. Criarlos no es doblegarlos pero tampoco es criarlos de modo que no vayan aprendiendo a regular sus deseos y emociones. La crianza de hijos es una terrible responsabilidad donde se juega buena parte del partido de lo que la vida de esa persona va a ser. No hay manera de hacerlo sin trabajo ni esfuerzo ni dedicación ni compromiso. No hay manera de criarlos bien que no pase por enseñarles, de a poco y amorosamente, a tolerar frustraciones, a postergar lo que quieren hacer a pensar antes de actuar. Y tampoco hay manera de hacerlo sin cometer errores. Todos los cometemos porque los humanos somos así y porque la vida es complicada y nos enfrenta a veces a situaciones que nos confunden, desbordan o desesperan.

Pero la mayor parte de los errores cotidianos que cometemos los padres, no son tan graves. Sobre todo si son como salidas de un libreto que suele ser coherente, empático y respetuoso.

Por eso, está bien que lean porque hay que saber para hacerlo bien. Pero no dejen de pensar por sí mismos. Recuerden sus experiencias como hijos, no para repetirlas como fotocopias irreflexivas sino para aplicar lo bueno y corregir lo malo. Miren a otros y piensen. Decidan cómo es la familia que quieren tener, cómo es el aire que quieren que sus hijos respiren, el tipo de vínculo que quieren desarrollar.

El amor incondicional es imprescindible para que esto funcione. Pero no alcanza con él. Además, hay que saber porqué uno hace lo que hace, hay que desarrollar una filosofía propia de vida familiar. Para eso, está buenísimo leer y escuchar, pensar y a partir de eso crear cada uno su propia realidad.

Mi consejo es el siguiente:

– Si lo que necesitan es leer cosas escritas por otros madres y padres sobre su experiencia, háganlo porque es muy importante lo que uno puede reflexionar sobre uno mismo leyendo sobre otros y porque siempre viene bien sentirse perteneciente y verse reflejado. Pero siempre recuerden que esos son testimonios y que ese es su valor. No son resultado de investigaciones científicas (ni lo pretenden ser). No hay que confundirse.

– Si lo que necesitan es información para guiar alguna práctica de crianza, busquen publicaciones de profesionales en el tema (claro, esto va a parecer que es para que me lean sólo a mí, pero juro que no es así: yo misma leo a muchos otros. Mis favoritos de afuera son Daniel Siegel y sus compinches, pero más cerca tenemos muchos buenos en la comarca como Alejandro de Barbieri, Roberto Balaguer, Ariel Gold, Gabriel Rossi, entre otros). Pueden también entrar en páginas de sociedades científicas que muchas veces tienen material serio para las familias. Por ejemplo American Academy of Child & Adolescent Psychiatry http://www.aacap.org/AACAP/Families_and_Youth/Facts_for_Families/Home.aspx con buena información traducida al español.

Pero siempre, lean lo que lean, háganlo con el sentido común encendido. Hasta cuando me leen a mí.

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