Natalia Trenchi

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Queridos padres…

“La presencia activa y comprometida de un buen padre marca una diferencia impresionante”

Publicado por MujerMujer

 

A pesar de que este mes tuvieron su día y abundaron los avisos más o menos lacrimógenos para ablandar los bolsillos de la gente, de todos modos, empiezo por pedirles disculpas. Los que hablamos de crianza y salud mental de los niños los hemos ignorado y subestimado históricamente. Tanto hablar de las madres y de la relación materno- filial, nos ha hecho olvidar el otro pilar de la crianza de cualquier niño: ustedes.

¡Qué ocultos quedan muchas veces a los ojos de la cultura imperante! En las buenas y en las malas, no parecen importar. Así como poco existen en la literatura sobre la crianza, tampoco nadie piensa en ustedes cuando un bebé aparece tirado en un contenedor o abandonado en el hospital. Todos los palos van para las madres en esos casos, como si el bebé fuera su exclusiva responsabilidad.

Muchos años de trabajo con familias han terminado de convencerme de que la presencia activa y comprometida de un buen padre marca una diferencia impresionante. Ustedes son muy importantes en la vida de sus hijos y lo son desde el primer momento. Claro que en esas primeras etapas de vida el protagonismo fuerte lo lleva la madre porque ella tiene a su bebé creciendo dentro de su cuerpo, el mismo cuerpo que se abre como una flor ( pero doliendo mucho) para dejar salir al bebé, que luego será alimentado por un líquido que mágicamente empieza a manar de sus pechos con los ingredientes perfectos y la temperatura justa.

Viendo todo este proceso muy superficialmente, podríamos creer que la mujer es autosuficiente en él, que no precisa nada que la naturaleza no haya pensado por ella. Se equivocarían. Cuando una mujer pasa esa etapa verdaderamente acompañada por su pareja, sostenida, amada y cuidada, todo cambia para mejor. Puede parecer que el de ustedes es un rol secundario en esos tiempos, pero no se engañen: tienen un impacto enorme en la salud del bebé y de la familia. Ni que hablar de lo crucial que es la presencia de ustedes después que el bebé nace. Ahí ya salió del cuerpo de la madre y es tan de uno como del otro. Que tanto su madre como su padre se enamoren de su hijo es gloria pura para ese bebé. ¿Qué más puede necesitar que esos dos amores complementarios y eternos?

Estaría buenísimo que todas las parejas lograran luego co-parentar en serio. Co-parentar es compartir por igual la responsabilidad de cuidado de la familia y del hogar, y del disfrute infinito de tenerse. Claro que para lograrlo, hombres y mujeres deben hacer un gran esfuerzo porque implica tirar por la borda viejos modelos culturales que venimos heredando desde hace miles de generaciones y poder crear uno nuevo, tanto mejor y saludable.

No resulta nada fácil porque no tenemos ni ejemplos ni un buen entrenamiento: a los niños varones se los sigue alejando culturalmente de su rol de padres. ¿O ustedes no se ponen nerviosos si sus hijos juegan con una muñeca?

Co-parentar es mucho más que estar presente en el parto, cambiar pañales y turnarse para levantarse a poner el chupete. Compartir responsabilidades en serio implica también entender por qué lloran aunque tengan 10 años, preocuparse por conocer a sus amigos y sus familias, aceptar que prefiera tocar violín antes que ir al futbol o que elija ser una niña que odia el rosado.

Nos falta mucho aún para que los padres cumplan plenamente la función que les corresponde. Pero estamos mucho más cerca que hace 20 años. Y eso es muy bueno porque la presencia de un buen padre activamente comprometido en la crianza, trae consecuencias muy positivas para el desarrollo de los niños. Pero no son ellos los únicos beneficiados. Ni que hablar que las mujeres ganamos cuando tenemos un buen socio con quien no sólo compartir tareas sino con quien hablar, pensar, reflexionar, padecer y disfrutar. Alguien que nos devuelva un poco de realismo cuando nos ataca el dramatismo, que nos ayude a vencer miedos y a correr saludables riesgos. Pero capaz que los que terminan ganando más son ustedes, padres.

Todos esos años en que se los confinaba a la oficina y la cancha de futbol, se los estaba estafando en lo que puede dar verdadero sentido a la vida. Se los dejaba afuera de la increíble experiencia de asistir a la construcción de una persona. ¡Qué injusticia! No desaprovechen este momento histórico y militen el ser un papá presente física y emocionalmente. Además de enriquecerse como personas plenas, estarán haciendo de su hijo alguien más fuerte y feliz.

¡Vamos! Todos los necesitamos.

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Unicef Natalia Trenchi