Natalia Trenchi

hiperactividad

Si te tocó un hijo “fatal”

“Cuando pasa esto, muchos se preguntan ¿qué estoy haciendo mal? Capaz que mucho, pero también capaz que nada.”

Publicado por Mujer Mujer

 

Hay hijos fáciles a los cuales con no embromarles la trayectoria natural, ya alcanza para que se críen bien.

Cuando uno los tiene, tal vez que no se da mucho cuenta de la suerte que tuvo, porque igual conseguimos cargarnos con bobadas y preocuparnos porque no tiene linda letra o le cuesta acordarse de apretar la cisterna.

Pero cuando nos toca un hijo “fatal”… a ese sí que lo reconocemos enseguida. Ya desde que nace nos hace saber con sus berridos que está dispuesto a conseguir lo que quiere de cualquier manera y pronto. Cuando le entramos a agarrar la mano para calmarlo (la creatividad junto con la desesperación encuentra asombrosas maneras de lograrlo), aparecen nuevos desafíos: empezar con el purecito. Y ahí confirmamos que no le gusta que otros decidan por él, ni que le cambien el libreto.

Ay…y esto es solo el principio. En el futuro no será fácil que se vista con lo que le elegimos, o que se vaya a dormir cuando es razonable, o que acepte que no tiene aun la edad para tener un smartphone. Rabietas, quejas airadas, portazos….y mucha frustración, tristeza, rabia y desorientación en madre y padre.

Hay niños que ya traen un software complicado y lo que pasa después en casa es la consecuencia y no la causa de lo desconcertante que puede ser el comportamiento del pequeño o pequeña.

Por supuesto que los padres de los niños difíciles gritan, amenazan y vociferan mucho más de lo que es deseable. Pero la prueba de que no lo hacen por placer es que si logramos mejorar el comportamiento del niño, sus padres ya no se exasperan como lo hacían.

¿De qué hablamos cuando decimos “software complicado”? Pueden ser muchas cosas diferentes, que van desde la patología (trastornos del humor, déficit atencional con hiperactividad, trastorno oposicionista-desafiante, etc), a variaciones de la normalidad (rasgos temperamentales fuertes), o respuestas a disfunciones de su entorno (clima familiar tóxico, madre/padre con malas habilidades de crianza, etc).

Con esto les estoy diciendo que los mismos comportamientos pueden tener causas bien diferentes y que es muy importante saberlo porque algunos pueden precisar algún tratamiento específico.

Ahora, sea cual sea la causa de lo que le pasa, siempre, absolutamente siempre va a ser importante que lo críen saludablemente, qué sepan cómo hacer para ayudarlo y no profundizarle las dificultades. En algunos casos alcanza con eso, en otros la intervención clínica es imperiosa.

Mis recomendaciones empiezan por pedirles que no se olviden que este tipo de comportamientos explosivos de los que hablamos, no son voluntarios. Lo que hacen no lo hacen a propósito, y sobre todo no te lo hacen a ti. Tener esto presente ya desde el vamos nos ayuda a no reaccionar con enojo por la sensación de sentirnos burlados o agredidos. Lo que ellos necesitan es una respuesta inteligente y no una reacción tan desajustada como su propio comportamiento. Lo que tu hijo necesita es poder fortalecer su “sistema de frenos”: toda una compleja ingeniería mental de pensamientos y emociones que le deberían permitir tolerar las frustraciones, aceptar las reglas sin sentirse violentado, ser capaz de diferir la satisfacción de lo que quiere y expresar lo que siente y piensa con palabras.

Eso no se consigue a los gritos, ni siquiera con penitencias. Se consigue con mucho trabajo sostenido en el tiempo que lo ayude a pensar inteligentemente antes de actuar. Hay muchas maneras de lograrlo pero ninguna es mágica. Todas requieren paciencia y persistencia.

Lo primero que tenés que aprender es a prevenir. Hay situaciones que aumentan el riesgo a que tu hijo se ponga inflexible: si tiene sueño, hambre, está cansado o molesto por algo. Aprendé a no plantear cosas difíciles en esos momentos. Casi nada vale el precio de una explosión de rabia. Tu hijo no aprende nada de ellas y tu envejecés en cada una, así que lo mejor es tratar de evitarlas. Dejá el pelo enredado si está con sueño, no le pongas el pantalón apretado el día que está de mal humor.

Prevenir también es tener pensados de antemano entretenimiento para un viaje largo en auto o una tarde lluviosa.

Muchas explosiones se evitan si les avisamos con anticipación las cosas. “En un ratito hay que dejar de jugar para irse a acostar”, “mañana va a llover, así que seguramente tengas que ponerte las botas de lluvia para salir”

Muchos de estos chiquilines jamás aceptan de entrada una orden, sea la que sea. Aprender a pedirles a veces es el conjuro que logra lo que parecía imposible: en lugar de mandarlo a ordenar los juguetes podemos conseguir lo que necesitamos si por ejemplo le decimos en voz entusiasta y sincera, mirándolo a los ojos y a su altura: “Necesito tu ayuda: tengo que preparar la cena y quiero tener tiempo después para que juguemos a algo. Si ordenás ahora tus juguetes, lo logramos!”

Otras veces lo que necesitan es desagotar su necesidad de decidir algo, por lo cual mejor que mandarlos ponerse un buzo puede ser decirles: “Hace frío. ¿Qué buzo querés, el rojo o el azul?”

A estos pequeños explosivos los ayuda tener una vida ordenada, pero también los ayuda que les enseñemos a ser flexibles. Los ayuda mucho si les enseñamos con el ejemplo a no ser tozudos ni rígidos. Por eso no está mal hacer acuerdos en los que ustedes ceden en algo y ellos ceden en otra cosa, acercando posiciones.

Recuerden que cada interacción con él es una especie de gimnasia para su mente: tenemos que proponerle ejercicios con los circuitos que queremos que se fortalezcan. Por eso es que no siempre el objetivo de la puesta de límites inteligente es que hagan exactamente lo que queríamos: lo más importante es que esa interacción le sirva para aprender a pensar y actuar mejor, para autoregularse.

Otro buen ejercicio es permitirles, cuando ello sea posible, elegir qué hacer. “Tenemos este cumpleaños a las 5. Si estás bañada y vestida a las 4 y 30 podemos ir. Si no, nos quedamos. Tu elegís.” En este caso en que ponemos en el campo del niño la elección, queda bien claro que lo que suceda no va a ser un castigo sino una consecuencia lógica de su comportamiento. Este tipo de planteo fortalece su capacidad de elegir, de hacerse responsable por lo que pase, su responsabilidad. Espero que esté de más recordarles que deben cumplir exactamente con lo que dijeron y sin enojo.

No crean que ser difícil de chico augura un futuro particularmente complicado. Para muchos de estos chiquitos el tiempo corre a favor, ya que la maduración de su sistema nervioso les va suavizando algunas reacciones. Tampoco piensen que fue una mala suerte que les tocara semejante ejemplar de oposicionista: así como son intensos en la rabieta, lo son para abrazarlos y besuquearlos y hacerles olvidar cualquier mal rato.

 

 

 

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