Natalia Trenchi

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¡Mi hijo llegó a la adolescencia!

“No se asusten tanto porque pueden llegar a descubrir cosas preciosas también en esta etapa”

Publicado por MujerMujer

 

 

“¡Qué pregunta!”- pensarán muchos- “¿Cómo no asustarse?”. Claro, si uno se deja llevar por la pésima prensa que tienen los adolescentes terminamos pensando que todos se emborrachan, se drogan, se embarazan, son violentos. Pocos hablan de un enorme grupo de adolescentes que atraviesan esta etapa dejando volar su creatividad e idealismo, o gastando la energía practicando deportes o tocando la guitarra y cantando frente al espejo, o los que destinan varias horas semanales a tareas voluntarias de ayuda comunitaria… Así que no se asusten tanto porque pueden llegar a descubrir cosas preciosas también en esta etapa…pero eso sí: prepárense a sentir que de verdad esta etapa es diferente y que tiene algunas características que, si no las sabemos interpretar, nos pueden irritar y/o preocupar mucho.

Aún el adolescente más sanito nos va a contradecir mucho, va a usar ropa que no nos gusta, va a hablar de modo especial, escuchar música espantosa y preferir estar con sus amigos en lugar de con sus padres…

En esta etapa, los cambios que se producen a nivel del cerebro son fenomenales y explican muchos de los comportamientos que tienen a esta edad. Por ejemplo, se producen determinados cambios funcionales y químicos entre las neuronas que hacen que a los adolescentes les atraiga el riesgo. Muchos ven en esta realidad biológica un sentido evolucionista: es lo que se necesita para animarse a ir alejándose del nido familiar. Es que de eso se trata esta fase de la vida, de atravesar un tiempo de transición entre que uno es niño y se transforma en adulto. Son años de mucho trabajo interior, tanto biológico como psicológico, y de mucha exigencia social: los pares importan más que nunca y ganarse un lugar en el grupo parece de vida o muerte.

Atravesar como madre o padre esta etapa entraña riesgos, es cierto, porque si no logramos entender, aceptar y ajustarnos con inteligencia a los cambios, la vamos a pasar mal nosotros y los chiquilines.

Una de las cosas más importantes es saber seguir manteniendo el rol regulador que tenemos que tener los padres a lo largo de la crianza. Eso implica mantenernos cerca y activos en nuestro rol, sin seguir tratándolos como si tuvieran 8 años, pero tampoco como si tuvieran 30. Los adolescentes tienen un cerebro aún inmaduro y siguen necesitando a los adultos para contenerlos y orientarlos. Que a veces es difícil que lo acepten, es cierto, sobre todo si cometemos algunos errores bastante frecuentes como por ejemplo pasarnos todo el tiempo criticando su modo de hacer las cosas, enojado por sus diferencias con lo que querríamos, irritados por sus decisiones. Que mantengan abiertos los canales de comunicación y preserven el vínculo es uno de los consejos más entusiastas que tengo para ustedes. No dejen que el “ruido” de la adolescencia los aleje. Aprendan a seguir cerca sin ser latosos pero sin descuidarlos tampoco, porque ellos siguen necesitando madres y padres cercanos, capaces de amarlos incondicionalmente, de protegerlos hasta de sí mismos y guiarlos por la vida.

En ninguna etapa de nuestros hijos podemos ejercer saludablemente de padres si no hay suficiente tiempo de calidad compartido. En esta etapa tampoco. Es necesario que sigamos participando de las actividades en que ello es posible, que implementemos la manera de conocer a sus amigos y sus familias, que podamos crear el clima necesario para seguir compartiendo tradiciones, relatos e historias familiares. No de la misma manera de cuando estaban en el pre-escolar, pero sin alejarnos ni desentendernos.

No caigan en la trampa de vivir enojados por pavadas. Tómense un tiempo para considerar si realmente valdrá la pena estropear el encuentro familiar nocturno peleando por el orden del dormitorio. Traten de concentrarse en lo esencial y aprendan a pasar por alto detalles que son accesorios. Es más importante que sea buen amigo y solidario antes que se acuerde de usar desodorante adecuadamente. No podemos equivocarnos y pelear por lo último y dejar de celebrar lo primero. ¿O se olvidaron de ustedes mismos cuando tuvieron esa edad? ¿Nunca le mintieron a sus padres? ¿Nunca se hicieron una rabona? A veces, recordar esos hechos nos puede calmar el pensamiento catastrófico que puede hacernos creer que si nos mintió hoy, va a ser un mentiroso toda la vida. No, no es así.

Confíen en lo que ustedes mismos han hecho durante todos estos años, sigan dándoles buenos ejemplos y demostrándoles lo importante que son ellos para ustedes. Sepan decir no cuando sea necesario pero con razones y cariño.

Ni los alejen ni los dejen solos, pero ayúdenlos a construir su propia vida.

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Unicef Natalia Trenchi